La política criminal diseñada para la lucha contra el fenómeno de la corrupción se concentra en comportamientos individuales desviados con el fin de remover a las “manzanas podridas”. Este abordaje es completamente insuficiente porque no permite abarcar las situaciones donde la corrupción es un elemento central del modelo de gobernanza, al haberse convertido en un factor determinante en las decisiones adoptadas por las instituciones públicas y las organizaciones privadas en los niveles local, regional, nacional e internacional. El presente artículo analiza las características y funcionamiento de la corrupción institucional y organizacional y de las redes complejas (transnacionales) de corrupción, que, no solo no son incompatibles, sino que se encuentran con frecuencia estrechamente relacionadas.