La tesis analiza la evolución del concepto de enemigo en las Fuerzas Militares de Colombia, tomando como base teórica los planteamientos del filósofo Carl Schmitt, especialmente en obras como El concepto de lo político (Schmitt, 2009), La teoría del partisano (Schmitt, 2002) y su crítica a la democracia liberal. En estos textos, Schmitt sostiene que la política se fundamenta en la distinción entre amigo y enemigo, y que corresponde al soberano definir quién representa una amenaza para la comunidad política. Asimismo, desarrolla una profunda conceptualización del enemigo público y advierte sobre los riesgos que el sistema parlamentario liberal representa para la soberanía del Estado. Aplicados al contexto colombiano, estos enfoques permiten identificar ciertas incoherencias en la formulación de estrategias de seguridad y en la actuación del Estado frente a amenazas tanto externas como internas. El trabajo argumenta que la definición del enemigo en Colombia ha variado según los contextos políticos, ideológicos y doctrinales, pasando de actores externos en la época de la independencia a adversarios internos como insurgencias liberales, las estrategias de contención al comunismo internacional, con Cuba como plataforma de lanzamiento en Suramérica, los enemigos de tercera y cuarta generación y el terrorismo internacional. Todo esto genera una especie de paranoia institucional que se refleja en un permanente reformismo en materia de definición y categorización del enemigo, al punto de perder de vista los objetivos misionales y devenir en la securitización de fenómenos propios de la criminalidad o, incluso la protesta social llevada al umbral de enemigo público. En el contexto contemporáneo, influido por la Revolución Molecular de Guattari, el enemigo se ha vuelto más difuso y ambiguo, dificultando su identificación y generando tensiones en el actuar del Ejército. En el contexto contemporáneo, el concepto de enemigo en Colombia se ha tornado cada vez más difuso, lo que ha representado un desafío significativo para las Fuerzas Militares. Esta ambigüedad ha sido influenciada por discursos políticos cambiantes y por nociones importadas de seguridad, como la idea del enemigo interno, pero también por concepciones teóricas como la de la revolución molecular desarrollada por Félix Guattari. Este concepto, formulado en oposición a las visiones tradicionales de la revolución, alude a transformaciones sociales dispersas, fragmentadas y micropolíticas, que no se estructuran en torno a un frente único o a un enemigo claramente definido, sino que emergen en múltiples puntos del tejido social (Guattari, 2013). En este marco, actores sociales que manifiestan inconformidad —como movimientos ciudadanos, colectivos barriales o protestas no institucionalizadas— pueden ser percibidos como amenazas por su potencial desestabilizador, aunque no constituyan enemigos en el sentido clásico. La ausencia de una definición estable y normativa del enemigo, sumada a la naturaleza no deliberativa del Ejército en un modelo de corte neoliberal, ha provocado que las Fuerzas Militares reformulen continuamente su enfoque estratégico, subordinándose a las interpretaciones políticas de sus superiores, en lugar de guiarse por criterios jurídicos o constitucionales consistentes.