La propagación de celulares dotados con cámaras digitales ha significado un cambio radical en el modo en que se viven los movimientos sociales. Las cámaras ya no solo registran, sino que también participan y transforman la experiencia. Las imágenes resultantes quedan al alcance de todos en los espacios virtuales generados en el internet. La intrínseca relación entre imagen y memoria es ahora una función cuya interpretación es más que nunca polisémica y sujeta a permanentes relecturas. En el meollo de este asunto, es la tecnología digital la que ha llegado a alterar el contenido de las imágenes y nuestra relación con ellas. Determinados videos producidos durante las revueltas sociales en Chile en el 2019-2020, muestran una relectura de la historia nacional reciente. Al proyectar esta interpretación al presente resignifican el movimiento social entonces en desarrollo.