El programa de educación emocional Canasta de Vida surge en un contexto donde los cuidadores de adolescentes en situación o comportamiento de riesgo cargan con vivencias difíciles de llevar y sufrimiento emocional, lo que genera un desgaste profundo afectándolos a sí mismos y su capacidad de sostenerse. Por ello, se diseñó esta intervención con la intención de sensibilizar y mostrar una ruta de resignificación, integrando microcompetencias de la educación emocional —autoestima, el afrontamiento y la autogeneración de emociones positivas — con la inteligencia espiritual, en tanto la población en la cual se realizó el programa es una comunidad católica. La base teórica se sustentó en el modelo pentagonal de competencias emocionales de Rafael Bisquerra y en las aproximaciones de la literatura sobre a la inteligencia espiritual como recurso para dotar de sentido, sostén y reinterpretación a las experiencias de cuidado. La intervención, desarrollada con 10 cuidadores, combinó actividades simbólicas, ejercicios de autoconciencia, respiración, narrativa espiritual y momentos de contemplación guiada. Para el análisis de la intervención, se llevó a cabo un análisis temático desde la reflexión siguiendo el marco propuesto por Braun y Clarke (2006). A partir de este análisis los resultados mostraron dos ejes temáticos centrales: la autoanulación y el sufrimiento emocional sostenido, y la inteligencia espiritual como motor de afrontamiento. La intervención dejó sembradas rutas de resignificación y abrió posibilidades reales de transformación interna, confirmando la necesidad de continuar generando espacios de acompañamiento emocional y espiritual para esta población.