Esta tesis explora la conflictividad cotidiana, la formación de la identidad y el sentido de pertenencia en la planta de producción de una fábrica del suroeste de Alemania a través de un trabajo etnográfico. Basándose en la teoría del proceso laboral, la teoría espacial y la crítica cultural, esta tesis examina cómo las relaciones de poder se establecen no solo a través de jerarquías formales, sino también a través del lenguaje, el espacio y las prácticas cotidianas. En lugar de entender el conflicto como una ruptura excepcional del orden, el estudio conceptualiza la conflictividad como una característica constitutiva del trabajo industrial, integrada en las interacciones rutinarias y las estructuras organizativas. El análisis distingue entre las dimensiones verticales y horizontales del conflicto. Verticalmente, el control gerencial opera a través del diseño espacial, la vigilancia y formas indirectas de disciplina, mientras que la confrontación abierta se evita a menudo en favor de la contención y el desplazamiento. Horizontalmente, surgen tensiones entre los trabajadores a través de la segmentación, los chismes, las competiciones de masculinidad y la percepción de un reconocimiento desigual del trabajo. Se muestra que la identidad en la planta de producción es situacional y negociada, y que la figura del «buen trabajador» cambia según los contextos, los turnos y los grupos sociales. Basándose en el concepto de táctica de De Certeau, esta tesis destaca cómo los trabajadores recuperan su capacidad de acción a través de prácticas sutiles y encarnadas, como el humor, el sarcasmo, la apropiación espacial y el uso informal del tiempo. Estas prácticas no constituyen una resistencia colectiva, sino que funcionan como estrategias frágiles y cotidianas para habitar el lugar de trabajo. Las dinámicas de género y racialización estructuran aún más la inclusión y la exclusión, reforzando las normas heteronormativas y masculinistas. Desde el punto de vista metodológico, el estudio reflexiona sobre los retos de la etnografía en un entorno familiar, haciendo hincapié en la reflexividad posicional y la naturaleza construida del conocimiento etnográfico. Al poner en primer plano lo infraordinario, este trabajo contribuye a los debates sobre el trabajo contemporáneo al mostrar cómo la identidad, el conflicto y la pertenencia se producen continuamente en las negociaciones mundanas de la vida en la planta de producción.