En una institución del norte de la ciudad de Bogotá se realizó la implementación de un programa de educación emocional dirigido a un grupo de primera infancia entre los 5 y los 6 años de edad, a través del cual se buscó fortalecer el desarrollo de las competencias de conciencia y regulación emocional, basados en el modelo pentagonal de las competencias emocionales de Rafael Bisquerra. Como resultado de la implementación, se obtuvo un impacto significativo en tres de los cinco objetivos planteados, evidenciándose un incremento en la conciencia emocional, en el léxico emocional utilizado y en la capacidad para asociar emociones con situaciones cotidianas. Aunque se observaron avances en la apropiación de estrategias de regulación emocional, estas aún requieren del acompañamiento adulto para ser implementadas de forma autónoma. Los hallazgos sugieren la efectividad del programa como una estrategia pedagógica para el desarrollo emocional en la primera infancia, al tiempo que destacan la necesidad de ampliar su duración y alcance para consolidar los aprendizajes relacionados con la gestión emocional.