El presente trabajo fue abordado a partir de la posibilidad de encontrar en la percepción, tal como la concibe Spinoza, una forma no inamovible de determinar cómo se aprecia el mundo y a partir de allí descubrir en él algo valioso que, de sentido a la propia existencia, la vida como algo que vale la pena experimentar, de allí el título que se da. Las personas forjamos un modo de pensar influenciado por las ideas que nos son compartidas e inculcadas desde entorno en el cual nos desarrollamos, a partir de los eventos que vivimos, con ello nos hacemos ideas que implican afectos, a ello lo denominamos en este trabajo historia personal, la cual deberá ser superada o modificada constantemente, en procura de acercarse a lo que Spinoza señalará como el comportamiento ético y que buscaremos mostrar, resulta ser una posibilidad existente para todas las personas. Para el desarrollo de esta tesis, se parte de los planteamientos filosóficos de Spinoza, principalmente en la “Ética demostrada según el orden geométrico”, que a través de la presentación de lo divino despojado de los límites que corresponden a la imagen, percepción y naturaleza humana, lo libra de los fines e intereses que nos favorecen sobre todo lo demás existente y a la vez nos empodera ante la posibilidad de generar cambios en la manera que vemos la realidad. Ante esta premisa de cambio, a partir de la modificación del atributo del pensamiento que constituye nuestra mente y que corresponde a las emociones ordenadas en un particular sentido de preponderancia del cual puede depender la felicidad, se abre un camino en cada uno de nosotros que da la posibilidad de confrontar los afectos y desentrañar aquello que motiva los apetitos y deseos. Esto nos ha de permitir abordar el presente y no permanecer anclados a emociones pasadas que lleguen a determinar incluso lo que suceda en el futuro. Es una tarea que supone determinación, confianza y trabajo constante, pero que no puede ser calificada como más o menos importante que alternativas distintas como guiarse por la imaginación, pues lo mejor que se deriva de ella se puede corroborar más que describir.