En el presente documento trato la masacre de El Salado del año 2000, a partir de la concatenación de tres elementos: la memoria, la acción y el cuerpo. Atendiendo enfáticamente al modo de darse de los hechos durante el fenómeno, presento la manera en la que la interacción de dichos elementos permiten a los ejecutores de la masacre intervenir un espacio, buscando moldearlo aceleradamente a él y a sus habitantes con recursos violentos. Defiendo, que lo hacen a través de los movimientos de cercado, concentración, visibilización y escenificación, en los que confluyen actitudes de legitimación e improvisación que potencian y determinan el impacto y proyección que la masacre tendrá sobre el espacio que afecta y sobre sus habitantes.