El presente artículo se fundamenta en una revisión sistemática de la literatura, la cual revela que Colombia enfrenta una crisis en la gestión de residuos orgánicos (RO), que representan el 60% de los residuos sólidos urbanos, generando graves impactos ambientales y sociales debido a la falta de infraestructura e inversión. Sin embargo, los RO son también una solución potencial para mitigar los efectos devastadores del calentamiento global y los impactos ambientales generados por el mal tratamiento de residuos generados por las ciudades y habitantes, esto a través de procesos como el compostaje, el vermicompostaje y la agricultura urbana (AU). Estas prácticas, analizadas en la literatura revisada, mejoran significativamente la calidad del suelo (incrementando materia orgánica y micronutrientes, reduciendo contaminantes como el plomo), mitigan el cambio climático, generan empleo local, fomentan la cohesión social y empoderan a las comunidades. La participación comunitaria es crucial para el éxito de estas iniciativas, a menudo superando la inversión o la tecnología. A pesar de los beneficios, la revisión también identifica desafíos como la limitada conciencia cultural, la viabilidad económica a corto plazo y la competencia por el uso de la tierra bajo un neoliberalismo urbano que desvaloriza los beneficios socioambientales. El estudio concluye que es esencial transitar hacia una economía circular proactiva, fortaleciendo prácticas regenerativas y adoptando un enfoque holístico que valore la naturaleza y la comunidad.