Este proyecto surge del interés por el límite no como una barrera física, sino como un espesor; un umbral flexible donde lo urbano se funde con lo natural. Su manera de habitar el territorio da origen a esta propuesta: un conjunto habitacional de vivienda productiva en el Barrio 20 de Julio, San Cristóbal Sur; una zona de memoria obrera definida por el pulso del río Fucha y una fuerte dinámica de economía popular. A través de la observación directa y un diálogo constante con la comunidad, se reconoce la vivienda autoconstruida como el referente principal para entender cómo los habitantes del 20 de Julio habitan la dualidad entre lo construido y lo natural. Estos registros permiten traducir la experiencia de la casa-tienda o la casa-taller al diseño arquitectónico, donde la vida desborda los muros y transforma la calle en la antesala del hogar. Proyectar una infraestructura social que funcione como mediadora entre la escala del barrio y la escala íntima de la vivienda, favoreciendo el arraigo y el derecho a la ciudad, es el objetivo central del proyecto. Se toma como estrategia espacial la gradiente, un concepto que permite transiciones fluidas a través de cuatro tipologías —la tienda, el parqueadero, el taller y la huerta— que integran el sustento diario dentro del espacio habitable. La propuesta adopta un enfoque sostenible inspirado en la autoconstrucción, validando los procesos de crecimiento y adaptación propios del lugar. Así, Gradientes del Habitar responde a la necesidad de proponer nuevas maneras de habitar en el 20 de Julio, incorporando dentro del tejido residencial elementos de la vida vecinal y la naturaleza del río. Es un manifiesto sobre la arquitectura colectiva como soporte físico de la memoria, la identidad y la resiliencia comunitaria.