Resumen
- En mayo de 2017, la comunidad de Buenaventura, el principal puerto de Colombia y la ciudad con mayor población afrodescendiente, inició un paro general. Al examinar este evento, este artículo revela algunos matices de los entrelazamientos de raza, clase, subjetividad política, seguridad, desarrollo capitalista e historias de colonialismo que estructuran la dinámica racial del espacio. Basándose en el análisis del discurso de documentos políticos, regulaciones legales y fuentes secundarias, junto con entrevistas informales y observación directa, se argumenta que la violencia y la coerción han sido técnicas centrales para moldear a la población pobre local de acuerdo con las necesidades del puerto como emblema del desarrollo capitalista. El artículo presta especial atención a cómo el derecho está implicado en la violencia desplegada en la ciudad-puerto, ya sea como factor legitimador o como formación discursiva que retrata a la población local como peligrosa y, por tanto, como una amenaza para la seguridad del puerto. Esta narrativa sobre la inseguridad de los pobres, creada y recreada por la ley, refuerza la imagen de la población negra como pobre indigna o no merecedora, al mismo tiempo que legitima las intervenciones coercitivas que han caracterizado el control de la criminalidad y la movilización social en la ciudad-puerto. Sin embargo, el paro cívico nos permite ver que la precariedad y la violencia han resultado en una población políticamente activa y niveles sofisticados de movilización que han logrado detener el desarrollo capitalista, al menos por un tiempo.