El suicidio es un fenómeno complejo que representa un problema de salud pública y social de grandes proporciones (Goel et al., 2023) y siempre es una pérdida de capital social (Zhai et al., 2022). Según el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses [INMLCF] (2024), entre enero y octubre de 2024, en Colombia, se han registrado 2449 suicidios, de los cuales 1949 fueron realizados por hombres y 971 (39, 64%) ocurrieron entre adultos jóvenes (18 a 34 años). Si se toma la clasificación por edad propuesta por este Instituto, 680 suicidios ocurrieron en la juventud (18 a 28 años) y 684 en la adultez temprana (29 a 44 años), lo que representa 55,7% de los casos. La adultez temprana es una etapa del desarrollo caracterizada por tareas vitales dirigidas al logro de metas. Se espera que los adultos jóvenes se independicen, sean autónomos, tomen decisiones laborales y personales determinadas tanto por el desarrollo moral como por el desarrollo cognoscitivo, caracterizado por pensamiento postformal, lo que significa reflexivo, intuitivo y emocional. En esta etapa de la vida se asumen responsabilidades y roles socialmente propios de la adultez. Es una época llena de transiciones y exigencias, que Erikson consideró de intimidad frente a aislamiento. Se espera que en esta etapa el adulto joven establezca compromisos personales estrechos y serios con otros para no caer en el ensimismamiento y el aislamiento, aunque estos, en algún grado, sean fundamentales para promover la reflexión. Los adultos jóvenes aprenden que la intimidad requiere de compromisos y sacrificios (Papalia et al., 2012).