Resumen
- Antecedentes: El plasma convaleciente (PC) se ha utilizado ampliamente para tratar la COVID-19 y está en estudio. Sin embargo, la variabilidad de los ensayos clínicos actuales ha impedido su uso generalizado en la pandemia actual. Nuestro objetivo fue evaluar la seguridad y eficacia del CP en la enfermedad grave por coronavirus 2019 (COVID-19) en las primeras fases de la enfermedad. Métodos: Se realizó un estudio clínico controlado aleatorizado en 101 pacientes ingresados en el hospital con COVID-19 grave confirmada. La mayoría de los participantes tenían menos de 14 días desde el inicio de los síntomas y menos de siete días de hospitalización. Cincuenta pacientes fueron asignados a recibir CP más terapia estándar (ST), y 51 fueron asignados a recibir ST sola. Los participantes del brazo de CP recibieron dos dosis de 250 ml cada una, transfundidas con 24 horas de diferencia. Todo el plasma transfundido se obtuvo de "superdonantes" que cumplían los siguientes criterios: títulos de anticuerpos IgG anti-SARS-CoV-2 S1 ≥ 1:3200 e IgA ≥ 1:800. Se evaluó el efecto de los anticuerpos anti-IFN transfundidos y de las variantes de SARS-CoV-2 al inicio del estudio sobre la eficacia global de la PC. Los resultados primarios fueron la reducción de la carga viral y el aumento de los anticuerpos IgG e IgA a los 28 días de seguimiento. El análisis por protocolo incluyó a 91 pacientes. Resultados: Se observó un aumento precoz pero transitorio de los niveles de anticuerpos IgG anti-S1-SARS-CoV-2 en el día 4 postransfusión (diferencia estimada [DE], - 1,36; IC del 95%, - 2,33 a - 0,39; p = 0,04). Sin embargo, la PC no se asoció con una reducción de la carga viral en ninguno de los puntos evaluados. El análisis de los resultados secundarios reveló que aquellos pacientes en el brazo de CP revelaron un tiempo más corto hasta el alta (ED ajustado para la mortalidad, 3,1 días; IC del 95%, 0,20 a 5,94; p = 0,0361) o una reducción de 2 puntos en la escala de la OMS en comparación con el grupo ST (HR ajustado para la mortalidad, 1,6; IC del 95%, 1,03 a 2,5; p = 0,0376). No hubo beneficios de la PC en las tasas de ingreso en la unidad de cuidados intensivos (CRI, 0,82; IC del 95%, 0,35 a 1,9; p = 0,6399), ventilación mecánica (CRI, 0,66; IC del 95%, 0,25 a 1,7; p = 0,4039) o mortalidad (CRI, 3,2; IC del 95%, 0,64 a 16; p = 0,1584). Los anticuerpos anti-FIN y las variantes del SARS-CoV-2 no influyeron en estos resultados. Conclusiones: La CP no se asoció con una reducción de la carga viral, a pesar del aumento temprano de anticuerpos IgG anti-SARS-CoV-2. Sin embargo, la PC es segura y podría ser una opción terapéutica para reducir la duración de la estancia hospitalaria. Registro del ensayo NCT04332835cRegistro del ensayo NCT04332835c
- Background: Convalescent plasma (CP) has been widely used to treat COVID-19 and is under study. However, the variability in the current clinical trials has averted its wide use in the current pandemic. We aimed to evaluate the safety and efficacy of CP in severe coronavirus disease 2019 (COVID-19) in the early stages of the disease. Methods: A randomized controlled clinical study was conducted on 101 patients admitted to the hospital with confirmed severe COVID-19. Most participants had less than 14 days from symptoms onset and less than seven days from hospitalization. Fifty patients were assigned to receive CP plus standard therapy (ST), and 51 were assigned to receive ST alone. Participants in the CP arm received two doses of 250 mL each, transfused 24 h apart. All transfused plasma was obtained from "super donors" that fulfilled the following criteria: titers of anti-SARS-CoV-2 S1 IgG ≥ 1:3200 and IgA ≥ 1:800 antibodies. The effect of transfused anti-IFN antibodies and the SARS-CoV-2 variants at the entry of the study on the overall CP efficacy was evaluated. The primary outcomes were the reduction in viral load and the increase in IgG and IgA antibodies at 28 days of follow-up. The per-protocol analysis included 91 patients. Results: An early but transient increase in IgG anti-S1-SARS-CoV-2 antibody levels at day 4 post-transfusion was observed (Estimated difference [ED], − 1.36; 95% CI, − 2.33 to − 0.39; P = 0.04). However, CP was not associated with viral load reduction in any of the points evaluated. Analysis of secondary outcomes revealed that those patients in the CP arm disclosed a shorter time to discharge (ED adjusted for mortality, 3.1 days; 95% CI, 0.20 to 5.94; P = 0.0361) or a reduction of 2 points on the WHO scale when compared with the ST group (HR adjusted for mortality, 1.6; 95% CI, 1.03 to 2.5; P = 0.0376). There were no benefits from CP on the rates of intensive care unit admission (HR, 0.82; 95% CI, 0.35 to 1.9; P = 0.6399), mechanical ventilation (HR, 0.66; 95% CI, 0.25 to 1.7; P = 0.4039), or mortality (HR, 3.2; 95% CI, 0.64 to 16; P = 0.1584). Anti-IFN antibodies and SARS-CoV-2 variants did not influence these results. Conclusion: CP was not associated with viral load reduction, despite the early increase in IgG anti-SARS-CoV-2 antibodies. However, CP is safe and could be a therapeutic option to reduce the hospital length of stay.