La juventud se ha contemplado tradicionalmente en nuestra sociedad bajo un discurso meramente etario, en donde los jóvenes son sujetos sociales ubicados en una etapa de moratoria, adoptando diferentes cambios (biológicos, psicológicos y sociales). Esta aproximación omite matices importantes que exponen las múltiples formas de ser joven en la sociedad, según los contextos sociales en que se encuentren, generando desequilibrios sociales importantes que afectan la juventud. Esta visión, es abordada con frecuencia por entes estatales para el desarrollo de políticas públicas y otro tipo de programa de atención social. Esto influye particularmente en los planteamientos políticos, los cuales resultan inadecuados, creando reducidas transformaciones en la realidad de los jóvenes, a su vez los individuos tienen formas particulares de sostenerse y agenciar activamente frente a las transformaciones estructurales de su contexto, esencialmente en ámbitos educativos y familiares.